María Luisa Arnaiz
Pam Hawkes
Según la
desprestigiada teoría de Wilhelm Fraenger, “El jardín de las delicias” le fue
encargado al Bosco por un adamita cuyo rostro está como “firma” en el ángulo
inferior derecho del panel central. El descubrimiento se debió a dicho
historiador, que se lo atribuyó al gran maestre de los Hermanos del Libre Espíritu
(adamitas), Jacobo van Almaengien. Si ese fue el donante que pagó al artista
para que pintara una obra por medio de la cual transportarse espiritualmente,
observando su parecido con el rostro de quien asoma en el Infierno (entre los
numerosos rostros del cuadro solo tienen facciones estos dos), otros se
preguntaron por su significado. Ciertos psicoanalistas interpretan que el del panel derecho simboliza la soberbia (la gaita es la inflación del ego), mientras
que en opinión del crítico, el de la
Cueva de Pitágoras, nombre que dio al lugar
de donde emerge el maestre que señala con el dedo a la sibila de sellados
labios, traduce su boda mística con la “novia” que hay junto a él. Sea como
fuere, hoy se dice que quien mira al espectador, señalando a la encapsulada Eva
responsable de perder el Paraíso (lleva una manzana mordida en la mano), es
Juan el Bautista y que la cara de El Bosco podría ser esa o la del Infierno.
El jardín de las
delicias, detalle, El Bosco






















