María Luisa Arnaiz
Ciro Morrone
“La
ausencia amorosa va solamente en una dirección y solo puede decirse a partir de
quien se queda” escribió Roland Barthes
y así lo evidencian las cartas de la abandonada monja que sostuvo un
idilio durante dos meses con el conde de Chamilly. La obra, cuyo contenido
transita de la pasión al desengaño, es de 1669 y se cree que la escribió
Guilleragues. Una vez que la protagonista afirma “ya no depende de cómo me tratéis”, sabemos que ha superado su
delirante amor. La afirmación figura en la segunda carta: “supisteis enseñarme a la perfección que debía someterme a todos
vuestros deseos…no me arrepiento…de haberos adorado y me encuentro dichosa de
que me hayáis seducido. Vuestra rigurosa, y puede que eterna ausencia, no
disminuye en nada el amor que os profeso. Quisiera que todo el mundo lo
supiera, dado que no hago de ello un misterio y no quepo en mí de gozo por
haber hecho todo lo que hice por vos…Dado que os amo, someto mi dicha y mi
religión al acto de amaros ciegamente durante toda mi vida…¿podríais venir a
verme y llevarme con vos a Francia?...haced lo que os plazca porque mi amor ya
no depende de cómo me tratéis”.






















