jueves, 5 de junio de 2014

LA HIJA POETA DE LOPE DE VEGA

SOR MARCELA DE SAN FÉLIX

María Luisa Arnaiz

Vicente Romero

   Marcela, hija de Lope de Vega y Micaela Luján bautizada como de “padres no conocidos”, ingresó en el convento de las Trinitarias de Madrid a los 16 años, donde profesó en 1623. Su padre, que fue la comidilla de sus iguales, “… un viejo avellanado, / tan verde, que al mismo tiempo / que está aforrado de martas / anda haciendo magdalenos” versificó Ruiz de Alarcón en alusión a cómo alternaba las visitas a Marta de Nevares y al convento de la Magdalena (Lope había cantado misa en 1614), pidió “los mil ducados prometidos” al duque de Sessa, de quien era secretario, para afrontar la dote exigida por las religiosas (en 1627 le volvió a escribir: “He pagado… trescientos y cincuenta ducados, y las monjas... quieren su dinero”). Se dice que Marcela pudo tomar los hábitos bien por sus feas marcas de viruela, bien por comprender el alcance de la vergonzosa vida de su padre (sacerdote amancebado con Marta y alcahuete del duque), pero Lope aceptó su voluntad, “Marcela, de mi amor primer cuidado, / se trató de casar, y libremente / una noche me dijo el desposado”.

Vicente Romero

   La otrora aficionada al siglo, “Marcela pide… a V. E. doce varas de tafetán… para ropa y sayas, con ochenta y seis… de molinillos de seda” escribe el dramaturgo al de Sessa, pasó cinco años sin verlo (¿por orden de su comunidad?) y, digna heredera del talento de sus progenitores, no solo representaba en el claustro las obras teatrales que escribía, sino que dejó un buen legado poético como estas seguidillas:

Préstame tus ojos,
Amado mío,
que no quiero, mi alma,
ver con los míos.

Díganle a mi amado
que aquí me tiene,
y que trate a su Esclava
como quisiere.

   Tras el entierro de su padre dirigió al difunto una larga carta de la que extraigo: “A través del atrio pude observar el ingente cortejo que acompañaba vuestros restos, cuando un sobrecogimiento me aturdió y hube de apoyarme… para evitar desvanecerme. Era el pueblo de Madrid que os quiere, señor, y no os olvidará nunca… Sí, padre mío, yo encontré en vuestra confesión el desorden, la veleidad, el solapado orgullo y hasta el vicio. Pero también… virtudes excelsas y la sublime sensibilidad de vuestro espíritu”.

Vicente Romero

7 comentarios:

  1. El talento se transmite por vías ignotas.
    Salu2, Mª Luisa.

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  2. Digna hija de su padre, sus versos así lo dicen. Y las obras de arte, maravillosas.

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  3. Vaya pareja que os habéis juntado: el pintor y la escritora.
    La historia se sigue repitiendo aunque no con tanta fortuna.

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  4. Aquellas cosas que pasaban y que a veces se repiten aunque con menos arte.Abrazos

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  5. Encontrar la verdad de la vida de un personaje es siempre, poco alentador. Ya se sabe, la verdad no gusta a nadie.
    MB, María Luisa. Feliz tarde.

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  6. Me encantan las obras de Romero. Soy una gran seguidora de él y trato de publicar, constantemente, parte de sus obras en mi blog.

    Te mando un abrazo.

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