viernes, 19 de abril de 2013

MÉNAGE À TROIS

FORTUNÉ

María Luisa Arnaiz



Tetsuya Mishima

   Después de cenar, cuando regresé al salón, se había llenado de gente. Encontré en un canapé, junto a las señoras de Bonaparte y Berthier y a esa hermosa ‘Paulette’ (más impaciente entonces por transformarse en la señora Leclerc de lo que estuvo luego por ser princesa Borghese), a “Fortuné”, el favorito venido de París… El afecto que (Josefina) le tenía no había disminuido y ni siquiera en público se privaba de testimoniárselo… Perdonémosla. No seamos menos indulgentes de lo que era su marido.  
   Fijaos bien en ese -me dijo el general-. Es mi rival. Poseía el lecho de ella cuando me casé. Lo quise echar, pretensión inútil. Se me dijo que debía dormir fuera o tolerar la coparticipación. Me resigné. El favorito fue menos complaciente que yo: llevo la prueba en esta pierna”. Y mostraba su tobillo mordido por los agudos y hostiles caninos de “Fortuné”.

A. V. Arnault, “Memorias de un sexagenario”

16 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Sobre todo porque tenemos esa idea de lo romántico.

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  2. Vengo de leer un relato de lesbianismo y ahora lo completo con este, el amor y las pasiones. Todo cabe, todo vale y todo puede dar felicidad. Un abrazo

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  3. Un ménage à trois histórico y, sin duda, curioso: Josefina, Fortuné y el resignado Napoleón.
    ¿Y el perro no sería una excusa?...
    Un abrazo

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  4. Cuando la pasión llama somos poco dados a la indulgencia, aunque el ansia de poseer a veces nos hace compartir.
    Un saludo afectuoso

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    1. Compartir migajas no sería del agrado de Napoleón.

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  5. Estaba aviado Napoleón con su hermana y su esposa...

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  6. Hola, María Luisa:

    Por fortuna o desventura, la tolerancia existe.

    Un abrazo.

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    1. Aunque sea a regañadientes como el caso napoleónico.

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  7. Genial, ML. Ahora comprendo muchas cosas que veo en otros y que a mi se me escapan o escapaban.
    Un abrazo-e, y feliz día.

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    1. Es que lo que no hayan visto los sexagenarios…

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  8. Pobre Fortuné. Él nunca obtuvo de su ama, pese haber ocupado antes su lecho, lo que el tolerante Napoleón obtuvo. Comprendo que le mordiera con rabia. Besazos sonrientes, querida amiga.

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    1. Los celos de un “amante” hirieron al amo del mundo.

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