María Luisa Arnaiz
Mia
Bergeron
Maurice
Maeterlinck publicó en 1901 “La vida de las abejas”, obra en la que reflexionó
sobre los absurdos esfuerzos del hombre y su empeño en perpetuarse. A este respecto
dice que las abejas solo se dejan manipular cuando los apicultores les echan
humo porque “creen” que en ese
momento se produce un desastre natural. Hoy ya puede el Gobierno seguir con sus
vaharadas sulfúricas para no explicar nada, ya puede Cantó entonar la
palinodia, ya puede Fernández jactarse de deber “a mucha honra”, ya puede el
yerno decir al juez que si demuestra su culpa, devolverá polvorones, que muchos
no creemos sino que los arrebatacapas han impuesto un desastre que lleva nuestro
sudor en tarteras a paraísos fiscales. En “El pájaro azul” Maeterlinck transmitió
que bastaba cambiar la percepción para llegar al bienestar pero lo hizo desde
una óptica clasista al servicio de los valores e intereses que necesitan las
clases dominantes para que nada cambie. Es lo que nos inoculan a diario. El
final del cuento prevé que, tras un instante de felicidad, se vuelve a la
mediocridad. ¿Nos resignamos?
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