María Luisa Arnaiz
Lev Tchistovsky
Preguntó
cariñosamente
cómo fue nuestro amor
y cómo en un instante
nos hicimos
ceniza.
Cómo aquella pasión nos transformó
en música
y en luz,
de forma que la gente,
al vernos,
repetía:
“Son humo…
Solo humo”.
Preguntó
en qué lugar,
por primera vez,
nos encontramos.
¿Acaso sobre un tronco envejecido
de un bosque de castaños?
¿O en la cueva olvidada
de un pastor?
Preguntó
cómo pudimos convertir
la noche
en una hoguera.
Cómo, por donde íbamos,
surgían dos estrellas
y cómo, sobre las huellas que
dejábamos,
aparecían dos rosas.
Preguntó
si la noche recuerda
que, en las sombras,
fuimos dos candelabros
encendidos.
Nizar Kabbani

























