María Luisa
Arnaiz
Sherree
Valentine-Daines
Antoine Glaenzer en “La Tenture de La Dame à la Licorne: du Bestiaire
d'Amours à l'ordre des tapisseries”, obra de 2002, defiende que “la pareja “perro-conejo” que
figura…como emblema de la conquista amorosa en los tapices representa el
jugueteo entre el amante y la dama, pues
(sendos animales) encarnan las
pulsiones masculinas y femeninas respectivamente”. Los conejos son
en Occidente el arquetipo de la fecundidad y cuenta Cicerón que la proximidad
en latín de “cuniculus”,
conejo, y “cunnus”, vulva, hizo que,
para evitar una obscenidad, se alterara el orden de determinadas palabras, así,
“cum nobis”, “con nosotros”, que podía oírse como “cunnus bis”, “dos veces coño”, se convertía
en “nobiscum”. Siguiendo la
hipótesis de A. Glaenzer, cuantos más conejos contiene un tapiz, mayor es la
euforia erótica que simboliza pero, aunque se desestime su teoría, es evidente que los conejos se asocian entre nosotros al
amor físico y que pasaron a ser metonimia de los genitales femeninos. Por
eso Hugh M. Hefner, apelando al imaginario colectivo, creó “Playboy” y las conejitas.
De la serie de tapices
“La dama del unicornio”, siglo XV























