SALVO EXCEPCIONES
María Luisa Arnaiz
Aufbruch, Anton
Räderscheidt, 1933
En la sala repleta
circuló un aire helado cuando don Luciano, con todo el peso de su prestigio y
su insobornable capacidad de juicio, al promediar su conferencia tomó aliento
para decir: Como siempre, quiero ser franco con ustedes. En este país, y salvo
excepciones, mi profesión está en manos de oportunistas, de frívolos, de
ineptos, de venales.
A la mañana
siguiente su secretaria le telefoneó a las ocho.
-Don Luciano,
lamento molestarlo tan temprano, pero acaban de avisarme de que frente a su
casa hay como quinientas personas esperándolo.
-¿Ah, sí? dijo el
profesor de buen ánimo. ¿Y qué quieren?
-Según dicen,
pretenden expresarle su saludo y admiración.
-Pero, ¿quienes
son?
-No lo sé con
certeza, Don Luciano. Ellos dicen que son las excepciones.
Mario Benedetti

































